viernes, 22 de junio de 2012

Una charla con Aminta Granera

Comisionada Aminta Granera
Aminta Granera, la directora de la Policía Nacional de Nicaragua, vino a la capital estadounidense la semana pasada a presentar el modelo operativo, logístico y filosófico que ha hecho de su institución un ejemplo de efectividad en Centro América y un paradigma en la discusión entre Estados Unidos y el istmo sobre cooperación en seguridad.
  
"Si no hay lógica de integridad en la Policía todo lo demás se cae. Tenerle amor a la camisa de la Policía es caminar en esa lógica de integridad"

Es curioso: la Policía de Nicaragua, que encuentra su decálogo fundacional en el Ejército Popular Sandinista y en la revolución de 1979 -cualquier duda al respecto se disipa al escuchar a la Comisionada Granera-, es casi un modelo de manual en Washington, y no solo en el mundillo de los tanques de pensamiento, la academia y los medios electrónicos especializados, de los latinoamericanistas, también entre los burós latinoamericanos de la Administración Obama, sobre todo en el Departamento de Estado.

Hace no mucho, en una conversación con el asistente legislativo ("staffer") de una congresista estadounidense muy conservadora en temas de geopolítica latinoamericana, pude comprobar que la Policía de Nicaragua y la Comisionada Granera son los únicos temas nicaraguenses que se salvan de la feroz retórica republicana. "Está claro que no nos gusta Ortega, ni los sandinistas, pero sabemos que el caso de la Policía nicaraguense es un caso para trabajar, podemos trabajar con ellos y con ella (Granera)", me dijo el staffer, un estadounidense de origen centroamericano.

En su reciente gira por Washington, Aminta Granera se paró en el podio del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), un tanque de pensamiento especializado en temas de seguridad hemisférica, de tendencia más bien conservadora. Entrar al sitio web de CSIS ilustra sobre la curiosidad política de la que hablé al principio: el mismo centro que acuerpa y sirve de anfitrión a Aminta Granera, cuenta en su catálogo de publicaciones con un reporte titulado "La influencia de Irán en las Américas", en el que las críticas y cuestionamientos al Gobierno de Daniel Ortega son lugar común.

Granera también fue al Diálogo Interamericano, otro centro académico, de corte más progresista, en el que habló con un grupo de funcionarios y diplomáticos latinoamericanos sobre el modelo policial nicaraguense. Les dejo algunas reflexiones, respuestas y palabras de Aminta Granera, extraídas de los dos eventos mencionados.

  
De la presentación Seguridad Ciudadana en Centro América, Washington 2012
 
  •  ¿Cómo se explica que Nicaragua, siendo vecina del violentísimo triángulo norte de Centroamérica, no tenga los mismos índices de violencia y criminalidad? 
  •  "Hay muchas causas. Menciono algunas. Las migraciones: los nicas que vinieron a Estados Unidos en los 80 vinieron por razones políticas, no economicas; en general eran migrantes más acomodados que no tuvieron que lidiar aquí con condiciones de marginalidad y nunca se vieron sometidos a deportaciones masivas. El que en Nicaragua haya bajos índices, además, no se debe solo al trabajo de la Policía; se debe a que llevamos 10 años de ventaja respecto a nuestros hermanos del triángulo norte: en 1985, cuando en Honduras y El Salvador empezaron a surgir las primeras maras, los jóvenes en Nicaragua estaban ocupados cortando café, alfabetizando... La inclusión de los jóvenes en los 80 y 90 nos salvó de caer en el problema que enfrentan nuestros hermanos del norte"   
De la presentación Seguridad Ciudadana en Centro América, Washington 2012


Algunos datos de Nicaragua:
  • Homicidios por cada 100,000 habitantes: 12
  • Policías por cada 100,000 habitantes: 17.9
  • Promedio de salario mensual de un policía: U$129
  • ¿Está Nicaragua tan afectada por el narcotráfico como los países del triángulo norte y Panamá?
  • "Nicaragua está en la ruta sur-norte de la droga; el narcotráfico no es algo de lo que escapamos, pero hemos tomado varias acciones para que, en lugar de ocupar el paso terrestre nicaraguense, los narcotraficantes tengan que usar las aguas profundas internacionales en su ruta, de manera que no nos dejen el "chingaste" en tierra y nos arruinen el país. Nuevamente, estamos en medio de vecinos que tienen situaciones más complicadas."
Datos sobre naroctráfico (2006-2012):
  • Lanchas rápidas decomisadas: 168
  • Narcoaviones decomisados: 18
  • Narco células desactivadas: 77 (solo en 2007)
  • Armas largas decomisadas a narcotraficantes: 1,417
  • Vehículos terrestres decomisados: 1,234
  • Valor aproximado de la cocaína decomisada (precio de mercado en Miami): U$ 600 millones.
Cifras relacionadas con narcotráfico en Nicaragua


  • Sobre el modelo policial nicaraguense
  •  "Es importante el origen de nuestra Policía. Cuando la formamos no estábamos muy seguros de lo que queríamos que fuera, pero sí estábamos seguros de lo que no queríamos que fuera: la pensamos como la antítesis de la Guardia Nacional".
  • "Cuando formamos esta policía el modelo basado en el concepto de seguridad nacional estaba en crisis. Pasamos del modelo en que el objeto central era la seguridad del Estado a uno en que desplazamos la atención a la persona; empezamos a hablar del concepto de seguridad ciudadana y seguridad humana."
  • "La compactación del Estado que ocurre en los 90 en el mundo y en Lationamérica nos obliga a tener más eficiencia económica y operativa. Para lograrlo no nos quedó otro camino que acercarnos a la comunidad."
  • "Partimos de un modelo central: una sola policía con una sola cabeza. A partir de ahí hacemos la prevención, que la policía hace como sistema, poniendo la investigación, la inteligencia, la reacción, todo, en función de la prevención".
  • "Sin el vínculo con la comunidad, no tendríamos inteligencia, y no tendríamos control social, y no tendríamos capacidad para enfrentar al crimen organizado y al narcotráfico". 

"No vamos a resolver los problemas de seguridad de Centro América con jefes sentados en escritorios".

La charla con Aminta Granera da para mucho. De todo, me quedo con la frase del principio; esta: "Si no hay lógica de integridad en la Policía todo lo demás se cae". Esta visto, por la infiltración documentada del crimen organizado, cuanto podrían aprender las policías del triángulo norte de esa máxima.  








martes, 22 de mayo de 2012

La aventura del Agente Tiburón


A continuación reconstruyo la historia del operativo conjunto entre la Drug Enforcement Administration (DEA), el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el Centro de Inteligencia Policial de El Salvador que culminó con el arresto de un capitán del ejército salvadoreño acusado de intentar vender AK-47, M-16, granadas y lanza granadas a un agente encubierto de Estados Unidos que se hizo pasar por intermediario de las FARC. El viernes 11 de mayo, el fiscal del distrito este del estado de Virginia condecoró, en la ciudad de Alexandria, a 29 agentes de la ley, estadounidenses y salvadoreños, que participaron en la operación. (El relato está basado en documentos del dominio público y en él utilizó seudónimos para nombrar a los agentes que aún realizan labores de inteligencia en El Salvador o cuya vida se encuentra en peligro entre otras cosas por su participación en el operativo contra “El Capitán”).

Programa de premiación a agentes

El agente Tiburón llevaba un rato pensándolo. Recordaba, de la guerra, que era una forma de probar el material explosivo. Y sabía que, hoy, la técnica guerrillera podía servirle. Sabía que era audaz, pero con los pocos recursos a mano era una de las escasas alternativas: Tiburón cogió une pequeña porción del C-4, hizo un rollito y acercó el fósforo encendido

“Yo sabía que no iba a explotar. Eso lo sabía porque lo hice en la guerra”, cuenta. La prueba artesanal sirvió para convencer a su equipo y a sus jefes que la operación debía seguir, que el proveedor de aquella pequeña muestra de C4 podía ser el primer paso en el camino para descubrir a un grupo de oficiales del ejército que estaban abasteciendo el mercado negro de El Salvador con explosivo plástico y otras armas.
Tiburón es un agente de la policía salvadoreña que estuvo en la guerrilla en los 80, se especializó en labores de inteligencia policial desde la fundación de la PNC y llegó hasta los puestos más altos del Centro de Inteligencia Policial durante la gestión del Comisionado Carlos Ascencio como Director General.  Tiburón empezó a dirigir el grupo de inteligencia contra el crimen organizado a finales de 2009. Al principio solo tenía dos agentes bajo su mando. Uno de ellos, “Tigre”, llevaba ya un buen rato manejando fuentes en el bajo mundo, sobre todo pandilleros y narcotraficantes.  Una de esas fuentes, un hombre que llevaba preso una década por narcotráfico, fue el que le comentó a Tigre sobre dos capitanes de la Fuerza Armada que vendían explosivo plástico en el mercado negro.

“Le pedí (a Tigre) fuentes que nos ayudaran a buscar quién estaba poniendo granadas en el centro de San Salvador. Y él me habló de su fuente, el que llevaba años preso, y me dijo que ese preso tenía un ‘compadre de clavo’ (estuvieron presos juntos) que podía llevarnos hasta los capitanes que vendían explosivo plástico”, cuenta Tiburón en un correo electrónico.

Lo que siguió a esa conversación fue una operación encubierta de altos vuelos que culminó, el 18 de noviembre de 2010, en el arresto de uno de esos militares, el capitán Héctor Antonio Martínez Guillén, en el parqueo de un hotel aledaño al aeropuerto internacional de Dulles, Virginia, que sirve a la capital de los Estados Unidos.
Tras la prueba con la candela de C4, la Policía salvadoreña autoriza la primera compra, de una barra de C4 y pacta una promesa de compraventa con el intermediario de 25 libras y granadas. La siguiente compra fue de 10 libras por 2,500 dólares.  “También nos vendieron una granada que seguro venía del ejército, aunque tenía borrado el número de serie y cualquier dato que nos indicara de dónde provenía.

El afidávit
En principio, la pista no llevaba directamente hasta el proveedor principal, el capitán Martínez Guillén, sino a intermediarios. Entre enero y junio de 2010, el equipo de Tiburón había logrado intervenir ventas en diversos barrios de la periferia de San Salvador, sobre todo en zonas controladas por las pandillas, como La Anémona, en San Martín. En algunas zonas, como Soyapango, Ilopango y una parte de Tonacatepeque la operación no fue fácil. Al decir de Tiburón, tuvieron fuertes sospechas de que ahí  algunos oficiales de la PNC informaban a los pandilleros sobre las investigaciones.

“A los pandilleros de la MS en El Pino les decomisamos granadas y marihuana y en La Anémona granadas, munición, fusiles de asalto y escopetas”. La penetración del grupo encubierto en las clicas era ya importante y los análisis de inteligencia perfilaban cada vez con más claridad la existencia de un solo proveedor matriz.
El siguiente paso fue más atrevido. El “compadre” de la fuente inicial, el narcotraficante preso, seguía moviendo C4 en el mercado. Hasta él llegó un  agente encubierto de la División Antinarcóticos de la Policía, que trabajaba en coordinación con la DEA. El asunto reunió a la DAN, el CIP y la DEA en los altos despachos de la PNC en el cuartel central, El Castillo. Ahí se acordó seguir las investigaciones, pero con las fuentes de cada división compartimentadas para evitar filtraciones. “Ya habíamos tenido malas experiencias con filtraciones, como las hubo en la Operación Camaleón (ver El agente Nahún y el capitán Portillo). Quedamos en buenos términos y al final la operación la hizo el CIP directamente con la DEA”, explica un agente encubierto de inteligencia policial.

Ceremonia de premiación a agentes por operación "El Capitán". Alexandria, Virginia.
Se consolidó, entonces, la operación al que luego la oficina del fiscal del Distrito Este de Virginia, Neil H. MacBride, nombró solo “El Capitán”. La investigación de la fiscalía estadounidense concluyó con una acusación introducida en la corte distrital de Virginia el 24 de febrero de 2011. Algunas partes de esa acusación –afidávit, el término legal castellanizado- parecen sacadas de un guión de película de espías (incluso algunos pasajes se parecen a otra operación dirigida por la DEA, esta vez en Tailandia, para capturar a otro traficante de armas, uno de mayor peso y fama, el ruso Víctor Bout, según lo cuenta Nick Schmidle en The New Yorker)

Con el apoyo del CIP de la Policía salvadoreña, la DEA montó un operativo que permitió a agentes encubiertos de la DEA presentarse como supuestos miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dispuestos a comprar armas largas y explosivos para atacar a agentes e intereses estadounidenses en Colombia.

“El 22 de julio de 2010, el acusado se encontró con CW-3 y CW-1 (agentes encubiertos) en un cuarto de hotel en San Salvador. En el encuentro, que fue grabado, CW-3 habló sobre las FARC y su pertenencia a las FARC… le dijo que estaba organizando una gran brigada para expulsar a los estadounidenses de Colombia ‘muertos si era posible’ y que por eso se estaba reuniendo con él… El acusado hizo una lista del tipo de armas a las que él tenía acceso y de sus precios; esa lista incluía: AK-47s, M-16s, granadas y lanzacohetes… El acusado pidió, por todo, 280,000 dólares”, se lee en la acusación archivada en la corte estatal de Virginia.

Para septiembre de 2010, según el documento legal, Martínez Guillén ya había vendido un AK-47, un M-16, tres cargadores y 85 rondas de munición, nitroglicerina, media libra de C4 y tres detonadores.
Para noviembre, el terreno estaba ya listo. El capitán pedía más dinero a sus compradores para conseguir material. Un encubierto propuso al militar, entonces, viajar a Estados Unidos para vender droga de las FARC y así conseguir capital semilla y llevar el negocio a otro nivel. Martínez Guillén había caído en la trampa.

El equipo de Tiburón se encargó de dar seguimiento al capitán desde San Salvador hasta Ciudad de Guatemala, de donde salía el vuelo que lo llevaría a Estados Unidos. Los salvadoreños incluso verificaron, en el aeropuerto internacional La Aurora, que Martínez Guillén se subiera al avión.
El 18 de noviembre de 2010, en el estacionamiento de un hotel cerca del aeropuerto internacional de Dulles, en Virginia, agentes estadounidenses uniformados capturaron al capitán justo cuando este sacaba del baúl de un carro negro los 10 kilogramos de cocaína que el encubierto le había ofrecido en San Salvador. Concluía, así, la investigación policial que había empezado en el centro de San Salvador con la prueba artesanal que el agente Tiburón hizo para probar la autenticidad del C4 y que la fiscalía distrital de Virginia calificó de “ejemplo brillante” de cooperación entre fuerzas de la ley estadounidenses y extranjeras.

Epílogo.
La investigación de la fiscalía estadounidense concluyó con una acusación introducida en la corte distrital de Virginia el 24 de febrero de 2011 en la que MacBride acumuló cinco delitos al capitán Héctor Antonio Martínez Guillén: intento de apoyo material a una organización terrorista extranjera, portación de explosivos durante la comisión de un crimen, transferencia de material explosivo a sabiendas de que será usado por cometer un crimen violento, conducción de artefactos explosivos relacionados con un crimen violento y posesión de cinco o más kilogramos de cocaína con intención de venta.
 
Buena parte de los oficiales salvadoreños que participaron en esa operación de principio a fin, y a quienes MacBride acaba de condecorar en Virginia, no están más en la inteligencia policial. Durante la operación relacionada al capitán, la inteligencia policial recogió un par de datos inquietantes: Martínez Guillén era parte de una estructura en la que estaban involucrados otros dos capitanes; los militares tenían nexos con dos líderes pandilleros famosos ya por sus nexos con el crimen organizado: Carlos Alberto Rivas Barahona, alias Chino tres colas, y José Misael Cisneros Rodríguez, alias Medio millón. Los informes de inteligencia relacionados a aquella operación también lanzan una sugerencia: ahondar en las posibles relaciones de la red de Martínez Guillén, los otros capitanes y los mareros con Los Zetas.

sábado, 5 de mayo de 2012

El agente Nahún y el capitán Portillo. Víctimas del narco

I PARTE


Estas son las historias de dos agentes del estado salvadoreño, un policía encubierto y un ex mayor del Ejército al servicio de la inteligencia militar, asesinados por atentar contra los intereses de los narcotraficantes del oriente de El Salvador y de sus cómplices en la fuerza pública. Al agente Nahún, de la División Antinarcotráfico, lo mataron en una playa pegajosa de La Unión cuando se disponía a seguir el rastro a un kilo de cocaína que lo llevaría hasta traficantes de Santa Rosa de Lima. Al ex mayor Carlos Antonio Portillo Escobar lo estrangularon en una casa abandonada de la colonia Las Águilas de San Miguel; Portillo era, según reportes de la inteligencia policial, un informante que recababa datos sobre la reestructuración de la banda Los Perrones.

El agente Nahún murió baleado en El Tamarindo. Una muerte "extraña", dice un investigador antinarcotráfico que conoció de cerca las operaciones encubiertas que entre 2006 y 2008 realizó la PNC en playas de La Unión para recabar inteligencia sobre el trasiego de drogas en el litoral del este salvadoreño. Nahún fue parte del operativo antidrogas que se conoció como Plan Camaleón y que, como otros, terminó en fracaso tras filtraciones de información y por la connivencia de altos mandos de la Policía con los narcotraficantes de la zona.


"Acuérdese que hay ocasiones... no le llamaría venganza, sino que es una forma como para asustar al personal, como para decirle hasta aquí. El homicidio de un elemento o de más elementos ¿que más mensaje le puede mandar al resto de personal?"

Agente de inteligencia policial relacionado con el Plan Camaelón.


Foto anexa al informe Camaleón de la DAN
Casi tres años después de la muerte de Nahún, el mayor Carlos Portillo, otro agente al servicio del estado salvadoreño, esta vez de la inteligencia militar, fue asesinado en San Miguel por recoger información sobre narcotraficantes y pasarla a sus superiores. Un oficial de alto rango llegó a acusar al mayor de "bocón"; cinco días después de esa acusación, 10 minutos antes de la una de la mañana del ocho de junio de 2010, el cadáver de Portillo fue descubierto. Para matar al mayor, los colaboradores de los narcos utilizaron a pandilleros como sicarios.

NAHÚN.

A continuación, una reconstrucción de la muerte del agente Nahún a manos de asesinos a sueldo del narcotráfico, elaborada a partir de dos entrevistas realizadas entre 2008 y 2009 a policías involucrados de alguna forma en Camaleón:

"Camaleón empezó a caerse cuando los narcotraficantes supieron que el puesto policial de El Tamarindo era controlada por la DAN... Por Dios, sí la información que se tenía era que los mismos agentes del Tamarindo custodiaban los cargamentos, los narcotraficantes tenían comprados a los agentes policiales.


"Empezó a haber roces en El Tamarindo, fricciones grandes... Se dio un incidente en que balearon un pick up cerca del puesto policial; hubo disparos y el tipo que iba conduciendo hasta salió lesionado. Es mentira, ya no se pudo trabajar. Nahún ya estaba trabajando en el campo, y siguió ahí cuando ya había roces, él quería sacar el trabajo, pero el problema es que a él ya lo conocían ahí...

Hotel Playas Negras, El Tamarindo, donde fue asesinado el agente Nahún

Y lo mataron...
"Correcto. Existió una sospecha muy fuerte, pero eso era (información de inteligencia) que no se pudo comprobar del todo, pero existía la impresión de que fue el jefe de él (de Nahún), un jefe de la DAN, quien lo puso a seguir la droga, porque ese jefe ya le estaba agarrando droga a (Daniel) Quezada (click aquí para ver copia de acusación contra este narcotraficante). El detalle fue así: Nahún le dio seguimiento a poco más de un kilo hasta Santa Rosa de Lima...

Del relato combinado de las dos fuentes relacionadas con Camaleón se extrae la siguiente sucesión de hechos previos a la muerte de Nahún:


  • Un informante de Nahún, de El Tamarindo, le asegura que un kilo de la cocaína que usualmente llegaba al hotel Playas Negras de Quezada desde Nicaragua se quedaría en Santa Rosa.
  • La información permite realizar tres capturas, pero no dar con los dueños de la droga.
  • Nahún decide ir a Santa Rosa a buscar al dueño del kilo. Una duda le carcome: según sus informantes un policía, uno de sus jefes, es quien ha empezado a quedarse con cocaína como pago por favorecer el trasiego desde El Tamarindo hasta la carretera Panamericana, que conecta con San Salvador y con Guatemala.
  • Las pistas llevan a Nahún de vuelta a la playa: al parecer, el kilo no ha dejado El Tamarindo. Un día antes de ir de nuevo a la zona de Playas Negras, Nahún avisa a su unidad sobre sus planes.
  • Ahí, en las veredas de polvo pegajoso que parten de la playa hacia los bosques salados aledaños, un grupo de sicarios ya esperaba a Nahún para matarlo. Cerca había policías, un equipo de apoyo que, según la inteligencia posterior al asesinato, lo dejó morir.

Una de las fuentes resumía así el epílogo:

"Fue algo muy extraño: que el equipo no escuchó nada y el equipo que estaba para apoyarlo no estaba a gran distancia. Eso ya era algo premeditado. Acuérdese que hay ocasiones... no le llamaría venganza, sino que es una forma como para asustar al personal, como para decirle hasta aquí. El homicidio de un elemento o de más elementos que más mensaje le puede mandar al resto de personal."

Mapa de zonas afectadas por narcotráfico anexado en
uno de los informes producidos por el Plan Camaleón

¿La Policía abrió una investigación por el caso?
"Esa es otra cosa curiosa, fíjese: se hace el gran dispositivo después, de la Policía... porque, mire, él pasó tirado horas ahí, muerto, y eso es lo extraño: el equipo que iba no podía dejar pasar mucho tiempo... Iba el muchacho (Nahún), el informante y los otros se quedaron por ahí esperando, pero la información que había es que él iba ir a recopilar información, él iba a platicar con personas para llegar a algo, estamos hablando de que podía estarse una hora, podía comerse un pescado, podía estarse una o dos horas por ahí. Lo que se hace es que se tiene su equipo, su teléfono, usted lo que hace es tirar una (llamada) perdida y le llega el refuerzo y usted está en las manos de Dios, en el momento que está con los delincuentes... A él no le dieron ni chance de realizar la llamada, lo más lógico es que ya lo estaban esperando solo para matarlo..."

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EL MAYOR QUE HABLÓ DE MÁS

jueves, 26 de abril de 2012

Legalización vs. Infiltración

De una vez y desde el principio: hacer de la legalización del consumo y portación de marihuana el centro de la discusión sobre la lucha antinarcotráfico en Mesoamérica es un absurdo. Es banal.

Que el asunto de la legalización se haya tornado sexy en la previa y el epílogo de la VI Cumbre de las Américas en Cartagena se debe, básicamente, al desafío verbal hecho por Otto Pérez Molina a Washington, que permitió a otros mandatarios expresar su desacuerdo con el enfoque estadounidense -represión al tráfico internacional y poca atención al consumo interno- y, a la postre, terminó enviando una señal inequívoca de que en este y otros temas el perfil de las discusiones no se define solo en la capital de los Estados Unidos. Pero, otra vez, eso no deja de ser retórica. Al menos por ahora.

Algunos datos y opiniones para ilustrar por qué este asunto de la marihuana termina siendo, en términos prácticos, una pérdida de tiempo:

Una idea de los pro-legalización es que despenalizar la venta y consumo de marihuana en Estados Unidos disminuirá la demanda en el mayor de los mercados del mundo y, con ello, se afectaría la rentabilidad de la cadena de suministro y por tanto se quitaría rentabilidad al intermediario, en este caso, a los narcotraficantes. Una sola cifra parece dar al traste con esa lógica, al menos en Centroamérica: según el mismo comando sur de la armada estadounidense entre el 80% y el 90% de la coca que se consume en el norte pasa por el istmo. Ese es el negocio, no la marihuana. En un reciente panel sobre el tema organizado en Washington por el Diálogo Interamericano escuché que buena parte de la marihuana que se consume en Estados Unidos se planta en suelo norteamericano; ese mercado, entonces, no necesita del intermediario, del traficante, ni de sus cómplices institucionales en el aparato público.

En esa discusión del Diálogo, el especialista Alejandro Hope, planteaba otras dos razones para relativizar el tema de la legalización de la marihuana: en Centro América el de la droga es un problema de violencia y crimen, no de salud pública, y es un problema relacionado a la cocaína, no a la marihuana.

Para ilustrar la segunda idea de Hope basta acudir al caso de las organizaciones de narcotraficantes en El Salvador. El Cartel de Texis o Los Perrones (versiones 1 y 2) basan toda la rentabilidad actual, y su operación, en el trasiego de cocaína. Fueron 6 kilos de coca los que la PNC de El Salvador incautó a Texis a finales de 2011 y fueron 250 kilos los que autoridades costarricenses incautaron a un salvadoreño que, según la misma inteligencia tica, tiene relación con narcos y operadores de San Salvador. En pocas palabras, lo que pudre policías, abre fronteras, alienta sub contratos entre narcos y pandilleros, lo que hipoteca la capacidad operativa de los estados nacionales para desarmar al crimen organizado y al narcotráfico es la impunidad alimentada con las enormes ganancias que les deja el tráfico de cocaína, una droga a la que muy pocos analistas meten por ahora en las discusiones sobre legalización (hay quienes sí hablan de despenalizar el consumo y producción de la hoja de coca, que no es lo mismo que la cocaína).

La ONU también ha sacado algunas conclusiones respecto a la relación del crimen organizado y el narcotráfico con el problema más urgente en el triángulo norte de Centroamérica: el de los asesinatos. Una de las hipótesis planteadas por la Oficina anti Crimen Organizado de Naciones Unidas en el estudio global sobre homicidios 2011 es que las provincias, departamentos o estados de México y Centroamérica con mayores índices de homicidios están en las rutas tradicionales del tráfico de cocaína.

Mapas publicados en el estudio de UNODC (página 51) sobre los que se construye la tesis sobre la relación entre los índices de homicidios y las rutas del narcotráfico.
                       
En el caso de Centroamérica, y en particular en el de El Salvador, aún queda pendiente una explicación convincente sobre la relación entre crimen organizado e índices de homicidios. En el triángulo norte el tema de las pandillas ha introducido un elemento distorsionador en ese análisis, motivado casi siempre por razones políticas, pero también por lo conveniente que resulta para el crimen organizado contar con un chivo expiatorio público y visible.

Al final del día, el tema de la legalización de la marihuana -que se difumina sin remedio ya en el debate mediático- tuvo el mérito coyuntural de abrir un poco más esta discusión, lo cual a la postre podría permitir a Centroamérica, a lo que aún le queda de institucionalidad sana, a su periodismo, a su academia, a su sector privado, abordar los temas de verdad importantes: la corrupción y la infiltración del crimen organizado en las instituciones públicas. Más aún, este pretexto de la legalización puede dar alas a la discusión abierta de cómo rescatar de la podredumbre sin regreso a las fuerzas públicas, llámense ejércitos, policías, fiscalías, tribunales o partidos políticos.

Ayer, 26 de abril, la periodista guatemalteca Julie López lo dijo muy claro en un Foro sobre narcotráfico y crimen organizado en Centramérica organizado por el Senado de los Estados Unidos. "La discusión sobre la legalización no penetra el corazón de este problema, que es la corrupción, la penteración del crimen organizado en instituciones débiles".

Twitter: @HsilvAvalos

sábado, 14 de abril de 2012

ARCHIVERO. Infiltración del narco en 2008

twitter: @HsilvAvalos

El director de la Policía Nacional Civil de El Salvador, el general retirado Francisco Salinas, le acaba de confirmar a la prensa que la banda de narcotraficantes Los Perrones, investigada por autoridades salvadoreñas y estadounidenses desde 2006 en El Salvador, se ha empezado a reagrupar. "Por ahora no descartamos que existan algunos elementos que todavía quedaron sueltos, que a lo mejor quieran recomponerse", dice Salinas en una nota publicada el 14 de abril en La Prensa Gráfica.  Es importante saber que la Policía mantiene en la mira a esta banda, una que, según las informaciones más recientes de inteligencia, mantiene vivo el tráfico de cocaína desde Costa Rica hasta el corredor de la carretera Panamericana en el oriente salvadoreño.

Que esta banda se reagrupe, y que tenga la capacidad de seguir moviendo cargamentos grandes de coca o de manejar el mercado de bienes raíces para garantizar el lavado de sus activos, implica que el riesgo de infiltración en el Estado salvadoreño sigue vigente. Entre 2004 y 2008, como quedó demostrado en expedientes de la Fiscalía, la División Antinarcóticos de la PNC, la DEA y de varios tribunales del país, así como en varias series de investigaciones periodísticas, la infiltración de Los Perrones en la Policía fue, entre otras cosas, lo que permitió a estos narcos consolidar su negocio. Por eso es muy bueno que hoy la Policía mantenga en la mira a la banda.

Dejo aquí la versión en inglés de un artículo de opinión que escribí en La Prensa Gráfica el 7 de diciembre de 2008 sobre estos peligros (link a versión en español).


Mexico, closer to us.
The narco reinassance

Op-ed piece published in La Prensa Gráfica in December 2008.
In this piece I outlined two basic ideas: 1. The infiltration of organized crime in Salvadoran public offices, although widely exposed in the media, had been ignored or concealed by the authorities. 2. The official narrative had been that El Salvador was not to be considered a Mexico-like scenario in terms of narco penetration and operational capacity. Time and further investigations proved that thesis wrong.


I insist. These days our country is busy with the important tasks of digesting, analyzing and living with the political anxieties created by the electoral campaign. Meanwhile, the threat of narcotraffick lives in our backyard and El Salvador is not giving this phenomenon the analysis it deserves.
Today, aware of the importance of this subject, we publish the first chapter of a journalistic series about the infiltration of the narcos in El Salvador. Through a long investigation we have learned three things. One, the drug trafficking organizations that have Mexico on its knees, are actively present in our country. Two, the local crime networks, cartel’s subcontractors, have evolved due to a complex diversification of the business, a process we have followed by tracking the genesis of Los Perrones band. Three, Los Perrones is still operational, with a low profile, thanks in part to the institutional silence that surround these issues. It is like that: in El Salvador public officials and politicians, especially those directly involved with the local war on drugs, tend to be silent or, worse, they overlook their responsibilities.
Three weeks ago I traveled to Mexico to participate in a seminar on Journalism and narcotraffick. Fifteen journalists –a Salvadoran, a Colombian, a few Venezuelans and a large number of Mexicans– heard about the renaissance of the narcos in the region; furthermore, we were able to certify that institutional silence is a well spread practice in our countries.
“Governments are used to remaining silent, but if that takes place in Mexico and Central America, the drama of the narco will be a lot worst than it ever was in Colombia during the big Medellin an Cali cartels era. It is the worst threat to democratic stability in the region according to the U.N.”, Jineth Bidoya told us. Bidoya is a Colombian reporter that has covered the narco source for 20 years. Nowadays she works at El Tiempo newspaper.
I can still remember testimonies that Mexican colleagues offered at the seminar. They described themselves as overwhelmed by the horror the Cartels have brought to their country since President Felipe Calderon took office. The reporters are confused, sometimes even paralyzed by fear. Not just journalism, the whole Mexican society is near a catatonic stage in front of the brutal homicide figures attributed to the Cartels: 5,000 in 2008.
The worst mistake we could ever make in El Salvador would be to think that Mexico is still far away from us. Or Colombia. Or Guatemala, a country in which important parts of the territory are in the hands of the narcos thanks to the total failure of the state in its fight against crime. Here, in El Salvador, it is no secret that our own police drug enforcement unit is compromised: high ranked police officials and assistants to the Attorney General’s office have publicly recognized the lack of compromise to investigate the local narco networks. These networks, according to Government sources, have already infiltrated our political and justice systems.
In Mexico, Jineth Bidoya told us how Pablo Escobar Gavidia, the late Colombia drug lord, started his career: he was a lowlife thief and a tobacco and whisky smuggler who, step by step, made his way in the newly formed cocaine business, entered local politics, bought policemen and started an empire. Sounds familiar? Narcos in the National Assembly? Smugglers in Eastern El Salvador that became narcotraffickers? Police complicity? Salvadoran institutions must respond at once. Mexico is closer to us.





lunes, 9 de abril de 2012

PERRONES. El renacimiento de la banda de narcos salvadoreños


twitter: @HsilvAvalos

Los datos más recientes de cuerpos de inteligencia centroamericanos indican que uno de los socios juniors de Los nuevos Perrones acaba de adquirir tierras en una bahía salvadoreña a la que empiezan a llegar sumergibles colombianos con capacidad de transportar hasta 10 toneladas de cocaína. Hace poco, en Washington, el General Douglas Fraser, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, reveló que la inteligencia militar estadounidense ha detectado el uso frecuente de estos aparatos en el corredor Pacífico de la droga. Las nuevas propiedades de la banda incluirían un importante centro de almacenaje en un isla del Golfo de Fonseca


Foto de la pista de cuarto de milla construida en San Miguel por Juan María Medrano.
Uno de los nuevos rostros de la banda Los Perrones fue socio de Medrano en el negocio de
autos rápidos que Los Perrones desarrollaron en San Miguel.

Los Perrones, la banda de narcotraficantes del Oriente salvadoreño que perfeccionó el lavado de dinero, la creación de fachadas comerciales para encubrir ganancias y logística, y que consolidó viejas rutas de contrabando en la primera avenida terrestre salvadoreña para la cocaína, perdió operatividad luego que sus principales líderes, Reynerio Flores Lazo y Juan María Medrano (aka Juan Colorado), fueron arrestados en 2008 y 2009 respectivamente. El fundador de la banda José Natividad Luna Pereira, alias Chepe Luna, sigue prófugo, al parecer en Honduras, donde se refugia desde 2006 cuando gracias a sus contactos de alto nivel en la PNC salvadoreña logró evadir un operativo internacional de captura (ver post del 24 de marzo: Operación Fracaso).

A finales del año pasado, la banda había vuelto a recuperar buena parte de su capacidad operativa y, hoy, según dos informes recientes de la inteligencia salvadoreña, la banda ha recuperado el contacto directo con uno de sus principales padrinos, el capo mexicano Joaquín Loera Guzmán, el Chapo.

La información indica que los furgones de Los Perrones han vuelto a mover importantes cantidades de coca desde Peñas Blancas, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua; que los herederos de Chepe Luna, Reynerio y Juan Colorado han retomado la red de infiltración estatal en Honduras y El Salvador; y que uno de los socios más recientes de la banda ya ha hecho varios viajes de exploración para buscar inversiones en Cuba.

Los datos más recientes de cuerpos de inteligencia centroamericanos dan cuenta de que uno de los socios juniors de Los nuevos Perrones acaba de adquirir tierras en una bahía salvadoreña a la que empiezan a llegar sumergibles colombianos con capacidad de transportar hasta 10 toneladas de cocaína.

Algunas revelaciones extraídas de los informes y expedientes de investigación e inteligencia más recientes elaborados en El Salvador, Nicaragua y Costa Rica (se omiten a propósito nombres de los narcotraficantes, funcionarios públicos e inversionistas por ser estas investigaciones en curso):

  • Desde 2011, la banda ha retomado su centro neurálgico de operaciones en Pasaquina. Uno de sus nuevos líderes ha viajado por tierra desde esa ciudad unionense hacia Honduras y Nicaragua para reunirse con el Chapo Guzmán o sus agentes.

  • El 23 de noviembre de 2011, uno de los nuevos líderes de la banda y dos de sus lugartenientes viajaron a un pequeño pueblo del Atlántico hondureños a bordo de tres todoterrenos. En el poblado conocido como La Brea los tres salvadoreños tenían programado reunirse con el Chapo entre el 24 y el 27 de noviembre.

  • Poco antes de eso, el 11 de septiembre de 2011, autoridades de Costa Rica habían decomisado 140 kilos de cocaína en Peñas Blancas. La inteligencia de aquel país sospecha que la droga es de Los Perrones y sus socios, al igual que otros 290 kilos decomisados el 25 de marzo en la misma frontera entre Costa Rica y Nicaragua.
  • Chepe Luna ha rearmado su grupo hondureño y ha establecido nuevos contactos con salvadoreños para ampliar su red de lavado. Una casa de arquitectura moderna, ubicada en el Boulevard Morazán de Tegucigalpa, ha servido de centro de reuniones al grupo de Luna.
  • Uno de los lugartenientes de Luna se reunió a finales del año pasado en Roatán con uno de los nuevos socios salvadoreños, un empresario.
  • Un testaferro de la banda compró cerca de 70 manzanas en la bocana La Chepona, en la Bahía de Jiquilisco. Investigadores salvadoreños han informado sobre un submarino que ha recalado en el lugar para desembarcar droga. El testaferro también aparece en los registros como dueño de 17 gasolineras en El Salvador. Por la compra de los terrenos en La Chepona recibió 790,000 dólares y hace poco compró un yate. (Reporte de El Diario de Hoy sobre los últimos movimientos de Los Perrones)
  • Otro de los nuevos socios de la banda ha viajado cuatro veces a Cuba en busca de contactos y oportunidades de negocios.
  • En julio de 2010, dos gerentes de un banco privado de El Salvador ofrecieron préstamos personales a socios de Reynerio Flores.


sábado, 24 de marzo de 2012

OPERACIÓN FRACASO (texto inédito)

De como filtraciones desde la PNC hicieron fracasar planes para capturar al narcotraficante José Natividad Luna Pereira, Chepe Luna.


Un ex ministro salvadoreño me reveló, en 2008, la mayoría de detalles desde los que reconstruyo esta historia. Habló conmigo varias veces a lo largo de un periodo de 4 meses, cuando la investigación periodística sobre la banda Los Perrones tenía más de un año de estar en las páginas de La Prensa Gráfica y la conexión de los narcotraficantes con oficiales de alto rango de la PNC era ya clara. En el epílogo de aquella investigación, las pláticas con el ex ministro me confirmaron dos cosas que habían sido hilos conductores en las publicaciones: 1. A pesar de la ocultación oficial, la infiltración del narco en las instituciones salvadoreñas es muy grave; 2. La infiltración empezó desde la formación misma de la nueva Policía. Aquí la historia de la Operación Fracaso.

I.
El Ministro se había ido a su rancho de playa el miércoles de Semana Santa, la de 2005. En San Salvador, en el Oriente, incluso en Nicaragua, quedaba listo el operativo que él, la Policía, otros secretarios de Estado y hasta agentes de Estados Unidos habían dibujado una y otra vez en papel durante larguísimas reuniones en la salita de conferencias del ministerio, en oficinas de la Embajada o en Casa Presidencial. Si todo salía bien, al regreso de Semana Santa el Ministro podría decir al Presidente que su joven gobierno se había anotado un tanto excepcional: capturar al narcotraficante más buscado por la DEA en El Salvador (Deudas legales en Nueva York); podría decirle que Chepe Luna estaba preso. Así, alerta, el Ministro llegó a su rancho, dispuesto a descansar un par de días. El celular, eso sí, permanecería encendido.

Desde las primeras horas de ese miércoles santo, mucho antes que el Ministro emprendiera ruta a la playa en El Salvador, en Nicaragua un par de agentes salvadoreños y sus colegas nicas terminaban de afinar la vigilancia del operativo que, según el plan, daría inicio a la cacería de Chepe Luna. La idea era hacer al contrabandista y narcotraficante caer en una trampa: agentes encubiertos habían pactado con él la entrega de un cargamento de carne de res y cocaína para que la transportara desde las costas de Chinandega hasta la carretera Panamericana en el lado salvadoreño. La inteligencia analizada en San Salvador, recogida por agentes antinarcóticos con ayuda de la DEA, había dado una idea bastante clara de las rutas utilizadas por Chepe Luna. Chinandega, Golfo, Barrancones o Las Tunas, Pasaquina, Santa Rosa de Lima, Panamericana. El operativo incluía puntos de vigilancia en la mayoría de esos lugares. Incluso en San Miguel, el último punto de salida hacia San Salvador o a los mercados del norte salvadoreño.

En San Miguel, los agentes Rosario y Marcial (nombres ficticios) también esperaban señal cerca de Metrocentro. En un Nissan blanco fingían ser una pareja de enamorados que aprovechaban el primer día de vacación para intercambiar besos en el estacionamiento medio vacío del centro comercial.

Ya entrada la noche, el celular del Ministro aún esperaba noticias...

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II.
Pocos meses después de que el Gobierno de Antonio Saca tomara posesión, un grupo de sus secretarios de Estado y jefaturas de la Policía Nacional Civil se reunían con diplomáticos y agregados policiales de la Embajada de los Estados Unidos para recibir, de agencias como la DEA y el FBI, información sobre las condiciones del narcotráfico y el contrabando. Los informes estadounidenses eran amplios: ya en 1996 la DEA había detectado importante presencia de narcolanchas en las playas del Oriente salvadoreño y el uso de viejas rutas de contrabando de lácteos y tráfico de armas para el trasiego de drogas. (El caso de Eliú Martínez y la playa La Chepona. Investigaciones de la DEA). En 2005, el nombre que más se repetía en la mesa del Ministro era el de José Natividad Luna Pereira, oriundo de Honduras pero registrado también en la alcaldía de Pasaquina durante la administración del alcalde arenero Odir Ramírez. Era Chepe Luna a quien los perfiles de la inteligencia norteamericana responsabilizaban entonces por los cargamentos de droga más importantes que pasaban por El Salvador.

La mesa de tarea que se formó tras las primeras reuniones tomó una decisión: el Gobierno emprendería la búsqueda sin cuartel de Chepe Luna. Capturar al capo implicaba demostrar, en los primeros meses de administración, que la Policía no estaba infiltrada, que la Secretaria Técnica apostaba al control real del contrabando como política fiscal y que El Salvador se tomaba en serio el combate al narcotráfico. Todo eso falló, porque la primera premisa era falsa: la Policía tenía un buen rato de estar infiltrada, precisamente por Chepe Luna y varios de sus subalternos.

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III.
El niño dejó la bicicleta en el pavimento, cerca de la puerta del conductor del Nissan blanco; dio algunos golpes a la ventanilla. El agente Marcial, que llevaba ya cinco días de vigilancia, bajó el vidrio.

- "Si quieren pueden irse. El señor al que esperan no va a a venir", soltó el chiquillo.

El señor al que los policías salvadoreños y nicaraguenses esperaban no llegaría. Chepe Luna se había vuelto a escapar.

La última vez que el celular del Ministro sonó en el rancho de playa fue solo para anunciar el epílogo: todo el plan, la inteligencia, el operativo, todo se había venido abajo. Lo más seguro, pensó el Ministro, la única posibilidad es que de la mesa de guerra se había escapado un soplo oportuno para el narco. Desde el primero momento, el Ministro sospechó de los policías que habían estado en esa mesa. No era esa la primera vez que la complicidad de los más altos jefes de la PNC salvadoreña echaban por la borda investigaciones como esa. No sería la última. (Nexos de policías y ex policías con Chepe Luna. Publicado en LPG.)

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IV.
Después de aquel rotundo fracaso, a finales de 2005, el Ministro decidió restringir el acceso a la mesa. El siguiente paso parecía claro:

- "Informé de todo a Casa Presidencial. Lo que acababa de pasar era muy grave. De todo supo Capres. Le dijimos también de nuestras sospechas sobre la Policía", me dijo el Ministro a principios de 2009 mientras platicábamos en su casa en San Salvador.

- "¿Qué hizo Capres?", solté a pesar de que la respuesta a esas alturas parecía clara.

- "Nada. O muy poco".

De hecho, en 2006, la administración Saca hizo algo con el entonces director de la Policía, Comisionado Ricardo Menesses; lo trasladó como enviado policial a la Embajada de El Salvador en Washington, que entonces dirigía René León. El Gobierno de Saca creó el puesto ad-hoc para el Comisionado. A la postre, además de a Menesses, la Inspectoría policial investigó a otros cuatro altos jefes policiales de aquel entonces por supuestos vínculos con Chepe Luna, entre ellos al Comisionado Óscar Aguilar, a quien en 2008 el entonces director Francisco Rovira había rescatado del ostracismo para nombrarlo jefe de inteligencia. (Cambios en PNC tras renuncia de director Francisco Rovira).

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V.
Epílogo.
La mesa especial, pensada como semilla de una fuerza de tarea para combatir el contrabando y el narcotráfico con asesoría de los Estados Unidos, fracasó sin culminar su primera operación. La complicidad policial con el crimen era ya para 2005 tan grave que hacía imposible que una idea como esa funcionara. Desde entonces he escuchado a funcionarios, ex funcionarios, investigadores salvadoreños y estadounidenses, académicos, diplomáticos y periodistas repetir esa verdad. La última vez fue la semana pasada.

Para finales de 2005, la mesa había dejado de tener capacidad operativa, pero seguía haciendo una labor importante, inédita además en El Salvador: rastrear operaciones bancarias sospechosas para detectar posibles casos de lavado. Hubo una operación en particular que llamó la atención de los funcionarios: de una agencia de Usulután, un hombre había movido, en una sola transacción, 800,000 dólares; era algo poco común en El Salvador y mucho más en Usulután. La mesa pasó la información a Casa Presidencial, sobre todo pensando en que ese hombre era candidato a diputado suplente por el PCN. Su nombre: Roberto Carlos Silva Pereira. Pero esa es otra historia. Más en un próximo post...