jueves, 26 de abril de 2012

Legalización vs. Infiltración

De una vez y desde el principio: hacer de la legalización del consumo y portación de marihuana el centro de la discusión sobre la lucha antinarcotráfico en Mesoamérica es un absurdo. Es banal.

Que el asunto de la legalización se haya tornado sexy en la previa y el epílogo de la VI Cumbre de las Américas en Cartagena se debe, básicamente, al desafío verbal hecho por Otto Pérez Molina a Washington, que permitió a otros mandatarios expresar su desacuerdo con el enfoque estadounidense -represión al tráfico internacional y poca atención al consumo interno- y, a la postre, terminó enviando una señal inequívoca de que en este y otros temas el perfil de las discusiones no se define solo en la capital de los Estados Unidos. Pero, otra vez, eso no deja de ser retórica. Al menos por ahora.

Algunos datos y opiniones para ilustrar por qué este asunto de la marihuana termina siendo, en términos prácticos, una pérdida de tiempo:

Una idea de los pro-legalización es que despenalizar la venta y consumo de marihuana en Estados Unidos disminuirá la demanda en el mayor de los mercados del mundo y, con ello, se afectaría la rentabilidad de la cadena de suministro y por tanto se quitaría rentabilidad al intermediario, en este caso, a los narcotraficantes. Una sola cifra parece dar al traste con esa lógica, al menos en Centroamérica: según el mismo comando sur de la armada estadounidense entre el 80% y el 90% de la coca que se consume en el norte pasa por el istmo. Ese es el negocio, no la marihuana. En un reciente panel sobre el tema organizado en Washington por el Diálogo Interamericano escuché que buena parte de la marihuana que se consume en Estados Unidos se planta en suelo norteamericano; ese mercado, entonces, no necesita del intermediario, del traficante, ni de sus cómplices institucionales en el aparato público.

En esa discusión del Diálogo, el especialista Alejandro Hope, planteaba otras dos razones para relativizar el tema de la legalización de la marihuana: en Centro América el de la droga es un problema de violencia y crimen, no de salud pública, y es un problema relacionado a la cocaína, no a la marihuana.

Para ilustrar la segunda idea de Hope basta acudir al caso de las organizaciones de narcotraficantes en El Salvador. El Cartel de Texis o Los Perrones (versiones 1 y 2) basan toda la rentabilidad actual, y su operación, en el trasiego de cocaína. Fueron 6 kilos de coca los que la PNC de El Salvador incautó a Texis a finales de 2011 y fueron 250 kilos los que autoridades costarricenses incautaron a un salvadoreño que, según la misma inteligencia tica, tiene relación con narcos y operadores de San Salvador. En pocas palabras, lo que pudre policías, abre fronteras, alienta sub contratos entre narcos y pandilleros, lo que hipoteca la capacidad operativa de los estados nacionales para desarmar al crimen organizado y al narcotráfico es la impunidad alimentada con las enormes ganancias que les deja el tráfico de cocaína, una droga a la que muy pocos analistas meten por ahora en las discusiones sobre legalización (hay quienes sí hablan de despenalizar el consumo y producción de la hoja de coca, que no es lo mismo que la cocaína).

La ONU también ha sacado algunas conclusiones respecto a la relación del crimen organizado y el narcotráfico con el problema más urgente en el triángulo norte de Centroamérica: el de los asesinatos. Una de las hipótesis planteadas por la Oficina anti Crimen Organizado de Naciones Unidas en el estudio global sobre homicidios 2011 es que las provincias, departamentos o estados de México y Centroamérica con mayores índices de homicidios están en las rutas tradicionales del tráfico de cocaína.

Mapas publicados en el estudio de UNODC (página 51) sobre los que se construye la tesis sobre la relación entre los índices de homicidios y las rutas del narcotráfico.
                       
En el caso de Centroamérica, y en particular en el de El Salvador, aún queda pendiente una explicación convincente sobre la relación entre crimen organizado e índices de homicidios. En el triángulo norte el tema de las pandillas ha introducido un elemento distorsionador en ese análisis, motivado casi siempre por razones políticas, pero también por lo conveniente que resulta para el crimen organizado contar con un chivo expiatorio público y visible.

Al final del día, el tema de la legalización de la marihuana -que se difumina sin remedio ya en el debate mediático- tuvo el mérito coyuntural de abrir un poco más esta discusión, lo cual a la postre podría permitir a Centroamérica, a lo que aún le queda de institucionalidad sana, a su periodismo, a su academia, a su sector privado, abordar los temas de verdad importantes: la corrupción y la infiltración del crimen organizado en las instituciones públicas. Más aún, este pretexto de la legalización puede dar alas a la discusión abierta de cómo rescatar de la podredumbre sin regreso a las fuerzas públicas, llámense ejércitos, policías, fiscalías, tribunales o partidos políticos.

Ayer, 26 de abril, la periodista guatemalteca Julie López lo dijo muy claro en un Foro sobre narcotráfico y crimen organizado en Centramérica organizado por el Senado de los Estados Unidos. "La discusión sobre la legalización no penetra el corazón de este problema, que es la corrupción, la penteración del crimen organizado en instituciones débiles".

Twitter: @HsilvAvalos

sábado, 14 de abril de 2012

ARCHIVERO. Infiltración del narco en 2008

twitter: @HsilvAvalos

El director de la Policía Nacional Civil de El Salvador, el general retirado Francisco Salinas, le acaba de confirmar a la prensa que la banda de narcotraficantes Los Perrones, investigada por autoridades salvadoreñas y estadounidenses desde 2006 en El Salvador, se ha empezado a reagrupar. "Por ahora no descartamos que existan algunos elementos que todavía quedaron sueltos, que a lo mejor quieran recomponerse", dice Salinas en una nota publicada el 14 de abril en La Prensa Gráfica.  Es importante saber que la Policía mantiene en la mira a esta banda, una que, según las informaciones más recientes de inteligencia, mantiene vivo el tráfico de cocaína desde Costa Rica hasta el corredor de la carretera Panamericana en el oriente salvadoreño.

Que esta banda se reagrupe, y que tenga la capacidad de seguir moviendo cargamentos grandes de coca o de manejar el mercado de bienes raíces para garantizar el lavado de sus activos, implica que el riesgo de infiltración en el Estado salvadoreño sigue vigente. Entre 2004 y 2008, como quedó demostrado en expedientes de la Fiscalía, la División Antinarcóticos de la PNC, la DEA y de varios tribunales del país, así como en varias series de investigaciones periodísticas, la infiltración de Los Perrones en la Policía fue, entre otras cosas, lo que permitió a estos narcos consolidar su negocio. Por eso es muy bueno que hoy la Policía mantenga en la mira a la banda.

Dejo aquí la versión en inglés de un artículo de opinión que escribí en La Prensa Gráfica el 7 de diciembre de 2008 sobre estos peligros (link a versión en español).


Mexico, closer to us.
The narco reinassance

Op-ed piece published in La Prensa Gráfica in December 2008.
In this piece I outlined two basic ideas: 1. The infiltration of organized crime in Salvadoran public offices, although widely exposed in the media, had been ignored or concealed by the authorities. 2. The official narrative had been that El Salvador was not to be considered a Mexico-like scenario in terms of narco penetration and operational capacity. Time and further investigations proved that thesis wrong.


I insist. These days our country is busy with the important tasks of digesting, analyzing and living with the political anxieties created by the electoral campaign. Meanwhile, the threat of narcotraffick lives in our backyard and El Salvador is not giving this phenomenon the analysis it deserves.
Today, aware of the importance of this subject, we publish the first chapter of a journalistic series about the infiltration of the narcos in El Salvador. Through a long investigation we have learned three things. One, the drug trafficking organizations that have Mexico on its knees, are actively present in our country. Two, the local crime networks, cartel’s subcontractors, have evolved due to a complex diversification of the business, a process we have followed by tracking the genesis of Los Perrones band. Three, Los Perrones is still operational, with a low profile, thanks in part to the institutional silence that surround these issues. It is like that: in El Salvador public officials and politicians, especially those directly involved with the local war on drugs, tend to be silent or, worse, they overlook their responsibilities.
Three weeks ago I traveled to Mexico to participate in a seminar on Journalism and narcotraffick. Fifteen journalists –a Salvadoran, a Colombian, a few Venezuelans and a large number of Mexicans– heard about the renaissance of the narcos in the region; furthermore, we were able to certify that institutional silence is a well spread practice in our countries.
“Governments are used to remaining silent, but if that takes place in Mexico and Central America, the drama of the narco will be a lot worst than it ever was in Colombia during the big Medellin an Cali cartels era. It is the worst threat to democratic stability in the region according to the U.N.”, Jineth Bidoya told us. Bidoya is a Colombian reporter that has covered the narco source for 20 years. Nowadays she works at El Tiempo newspaper.
I can still remember testimonies that Mexican colleagues offered at the seminar. They described themselves as overwhelmed by the horror the Cartels have brought to their country since President Felipe Calderon took office. The reporters are confused, sometimes even paralyzed by fear. Not just journalism, the whole Mexican society is near a catatonic stage in front of the brutal homicide figures attributed to the Cartels: 5,000 in 2008.
The worst mistake we could ever make in El Salvador would be to think that Mexico is still far away from us. Or Colombia. Or Guatemala, a country in which important parts of the territory are in the hands of the narcos thanks to the total failure of the state in its fight against crime. Here, in El Salvador, it is no secret that our own police drug enforcement unit is compromised: high ranked police officials and assistants to the Attorney General’s office have publicly recognized the lack of compromise to investigate the local narco networks. These networks, according to Government sources, have already infiltrated our political and justice systems.
In Mexico, Jineth Bidoya told us how Pablo Escobar Gavidia, the late Colombia drug lord, started his career: he was a lowlife thief and a tobacco and whisky smuggler who, step by step, made his way in the newly formed cocaine business, entered local politics, bought policemen and started an empire. Sounds familiar? Narcos in the National Assembly? Smugglers in Eastern El Salvador that became narcotraffickers? Police complicity? Salvadoran institutions must respond at once. Mexico is closer to us.





lunes, 9 de abril de 2012

PERRONES. El renacimiento de la banda de narcos salvadoreños


twitter: @HsilvAvalos

Los datos más recientes de cuerpos de inteligencia centroamericanos indican que uno de los socios juniors de Los nuevos Perrones acaba de adquirir tierras en una bahía salvadoreña a la que empiezan a llegar sumergibles colombianos con capacidad de transportar hasta 10 toneladas de cocaína. Hace poco, en Washington, el General Douglas Fraser, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, reveló que la inteligencia militar estadounidense ha detectado el uso frecuente de estos aparatos en el corredor Pacífico de la droga. Las nuevas propiedades de la banda incluirían un importante centro de almacenaje en un isla del Golfo de Fonseca


Foto de la pista de cuarto de milla construida en San Miguel por Juan María Medrano.
Uno de los nuevos rostros de la banda Los Perrones fue socio de Medrano en el negocio de
autos rápidos que Los Perrones desarrollaron en San Miguel.

Los Perrones, la banda de narcotraficantes del Oriente salvadoreño que perfeccionó el lavado de dinero, la creación de fachadas comerciales para encubrir ganancias y logística, y que consolidó viejas rutas de contrabando en la primera avenida terrestre salvadoreña para la cocaína, perdió operatividad luego que sus principales líderes, Reynerio Flores Lazo y Juan María Medrano (aka Juan Colorado), fueron arrestados en 2008 y 2009 respectivamente. El fundador de la banda José Natividad Luna Pereira, alias Chepe Luna, sigue prófugo, al parecer en Honduras, donde se refugia desde 2006 cuando gracias a sus contactos de alto nivel en la PNC salvadoreña logró evadir un operativo internacional de captura (ver post del 24 de marzo: Operación Fracaso).

A finales del año pasado, la banda había vuelto a recuperar buena parte de su capacidad operativa y, hoy, según dos informes recientes de la inteligencia salvadoreña, la banda ha recuperado el contacto directo con uno de sus principales padrinos, el capo mexicano Joaquín Loera Guzmán, el Chapo.

La información indica que los furgones de Los Perrones han vuelto a mover importantes cantidades de coca desde Peñas Blancas, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua; que los herederos de Chepe Luna, Reynerio y Juan Colorado han retomado la red de infiltración estatal en Honduras y El Salvador; y que uno de los socios más recientes de la banda ya ha hecho varios viajes de exploración para buscar inversiones en Cuba.

Los datos más recientes de cuerpos de inteligencia centroamericanos dan cuenta de que uno de los socios juniors de Los nuevos Perrones acaba de adquirir tierras en una bahía salvadoreña a la que empiezan a llegar sumergibles colombianos con capacidad de transportar hasta 10 toneladas de cocaína.

Algunas revelaciones extraídas de los informes y expedientes de investigación e inteligencia más recientes elaborados en El Salvador, Nicaragua y Costa Rica (se omiten a propósito nombres de los narcotraficantes, funcionarios públicos e inversionistas por ser estas investigaciones en curso):

  • Desde 2011, la banda ha retomado su centro neurálgico de operaciones en Pasaquina. Uno de sus nuevos líderes ha viajado por tierra desde esa ciudad unionense hacia Honduras y Nicaragua para reunirse con el Chapo Guzmán o sus agentes.

  • El 23 de noviembre de 2011, uno de los nuevos líderes de la banda y dos de sus lugartenientes viajaron a un pequeño pueblo del Atlántico hondureños a bordo de tres todoterrenos. En el poblado conocido como La Brea los tres salvadoreños tenían programado reunirse con el Chapo entre el 24 y el 27 de noviembre.

  • Poco antes de eso, el 11 de septiembre de 2011, autoridades de Costa Rica habían decomisado 140 kilos de cocaína en Peñas Blancas. La inteligencia de aquel país sospecha que la droga es de Los Perrones y sus socios, al igual que otros 290 kilos decomisados el 25 de marzo en la misma frontera entre Costa Rica y Nicaragua.
  • Chepe Luna ha rearmado su grupo hondureño y ha establecido nuevos contactos con salvadoreños para ampliar su red de lavado. Una casa de arquitectura moderna, ubicada en el Boulevard Morazán de Tegucigalpa, ha servido de centro de reuniones al grupo de Luna.
  • Uno de los lugartenientes de Luna se reunió a finales del año pasado en Roatán con uno de los nuevos socios salvadoreños, un empresario.
  • Un testaferro de la banda compró cerca de 70 manzanas en la bocana La Chepona, en la Bahía de Jiquilisco. Investigadores salvadoreños han informado sobre un submarino que ha recalado en el lugar para desembarcar droga. El testaferro también aparece en los registros como dueño de 17 gasolineras en El Salvador. Por la compra de los terrenos en La Chepona recibió 790,000 dólares y hace poco compró un yate. (Reporte de El Diario de Hoy sobre los últimos movimientos de Los Perrones)
  • Otro de los nuevos socios de la banda ha viajado cuatro veces a Cuba en busca de contactos y oportunidades de negocios.
  • En julio de 2010, dos gerentes de un banco privado de El Salvador ofrecieron préstamos personales a socios de Reynerio Flores.


sábado, 24 de marzo de 2012

OPERACIÓN FRACASO (texto inédito)

De como filtraciones desde la PNC hicieron fracasar planes para capturar al narcotraficante José Natividad Luna Pereira, Chepe Luna.


Un ex ministro salvadoreño me reveló, en 2008, la mayoría de detalles desde los que reconstruyo esta historia. Habló conmigo varias veces a lo largo de un periodo de 4 meses, cuando la investigación periodística sobre la banda Los Perrones tenía más de un año de estar en las páginas de La Prensa Gráfica y la conexión de los narcotraficantes con oficiales de alto rango de la PNC era ya clara. En el epílogo de aquella investigación, las pláticas con el ex ministro me confirmaron dos cosas que habían sido hilos conductores en las publicaciones: 1. A pesar de la ocultación oficial, la infiltración del narco en las instituciones salvadoreñas es muy grave; 2. La infiltración empezó desde la formación misma de la nueva Policía. Aquí la historia de la Operación Fracaso.

I.
El Ministro se había ido a su rancho de playa el miércoles de Semana Santa, la de 2005. En San Salvador, en el Oriente, incluso en Nicaragua, quedaba listo el operativo que él, la Policía, otros secretarios de Estado y hasta agentes de Estados Unidos habían dibujado una y otra vez en papel durante larguísimas reuniones en la salita de conferencias del ministerio, en oficinas de la Embajada o en Casa Presidencial. Si todo salía bien, al regreso de Semana Santa el Ministro podría decir al Presidente que su joven gobierno se había anotado un tanto excepcional: capturar al narcotraficante más buscado por la DEA en El Salvador (Deudas legales en Nueva York); podría decirle que Chepe Luna estaba preso. Así, alerta, el Ministro llegó a su rancho, dispuesto a descansar un par de días. El celular, eso sí, permanecería encendido.

Desde las primeras horas de ese miércoles santo, mucho antes que el Ministro emprendiera ruta a la playa en El Salvador, en Nicaragua un par de agentes salvadoreños y sus colegas nicas terminaban de afinar la vigilancia del operativo que, según el plan, daría inicio a la cacería de Chepe Luna. La idea era hacer al contrabandista y narcotraficante caer en una trampa: agentes encubiertos habían pactado con él la entrega de un cargamento de carne de res y cocaína para que la transportara desde las costas de Chinandega hasta la carretera Panamericana en el lado salvadoreño. La inteligencia analizada en San Salvador, recogida por agentes antinarcóticos con ayuda de la DEA, había dado una idea bastante clara de las rutas utilizadas por Chepe Luna. Chinandega, Golfo, Barrancones o Las Tunas, Pasaquina, Santa Rosa de Lima, Panamericana. El operativo incluía puntos de vigilancia en la mayoría de esos lugares. Incluso en San Miguel, el último punto de salida hacia San Salvador o a los mercados del norte salvadoreño.

En San Miguel, los agentes Rosario y Marcial (nombres ficticios) también esperaban señal cerca de Metrocentro. En un Nissan blanco fingían ser una pareja de enamorados que aprovechaban el primer día de vacación para intercambiar besos en el estacionamiento medio vacío del centro comercial.

Ya entrada la noche, el celular del Ministro aún esperaba noticias...

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II.
Pocos meses después de que el Gobierno de Antonio Saca tomara posesión, un grupo de sus secretarios de Estado y jefaturas de la Policía Nacional Civil se reunían con diplomáticos y agregados policiales de la Embajada de los Estados Unidos para recibir, de agencias como la DEA y el FBI, información sobre las condiciones del narcotráfico y el contrabando. Los informes estadounidenses eran amplios: ya en 1996 la DEA había detectado importante presencia de narcolanchas en las playas del Oriente salvadoreño y el uso de viejas rutas de contrabando de lácteos y tráfico de armas para el trasiego de drogas. (El caso de Eliú Martínez y la playa La Chepona. Investigaciones de la DEA). En 2005, el nombre que más se repetía en la mesa del Ministro era el de José Natividad Luna Pereira, oriundo de Honduras pero registrado también en la alcaldía de Pasaquina durante la administración del alcalde arenero Odir Ramírez. Era Chepe Luna a quien los perfiles de la inteligencia norteamericana responsabilizaban entonces por los cargamentos de droga más importantes que pasaban por El Salvador.

La mesa de tarea que se formó tras las primeras reuniones tomó una decisión: el Gobierno emprendería la búsqueda sin cuartel de Chepe Luna. Capturar al capo implicaba demostrar, en los primeros meses de administración, que la Policía no estaba infiltrada, que la Secretaria Técnica apostaba al control real del contrabando como política fiscal y que El Salvador se tomaba en serio el combate al narcotráfico. Todo eso falló, porque la primera premisa era falsa: la Policía tenía un buen rato de estar infiltrada, precisamente por Chepe Luna y varios de sus subalternos.

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III.
El niño dejó la bicicleta en el pavimento, cerca de la puerta del conductor del Nissan blanco; dio algunos golpes a la ventanilla. El agente Marcial, que llevaba ya cinco días de vigilancia, bajó el vidrio.

- "Si quieren pueden irse. El señor al que esperan no va a a venir", soltó el chiquillo.

El señor al que los policías salvadoreños y nicaraguenses esperaban no llegaría. Chepe Luna se había vuelto a escapar.

La última vez que el celular del Ministro sonó en el rancho de playa fue solo para anunciar el epílogo: todo el plan, la inteligencia, el operativo, todo se había venido abajo. Lo más seguro, pensó el Ministro, la única posibilidad es que de la mesa de guerra se había escapado un soplo oportuno para el narco. Desde el primero momento, el Ministro sospechó de los policías que habían estado en esa mesa. No era esa la primera vez que la complicidad de los más altos jefes de la PNC salvadoreña echaban por la borda investigaciones como esa. No sería la última. (Nexos de policías y ex policías con Chepe Luna. Publicado en LPG.)

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IV.
Después de aquel rotundo fracaso, a finales de 2005, el Ministro decidió restringir el acceso a la mesa. El siguiente paso parecía claro:

- "Informé de todo a Casa Presidencial. Lo que acababa de pasar era muy grave. De todo supo Capres. Le dijimos también de nuestras sospechas sobre la Policía", me dijo el Ministro a principios de 2009 mientras platicábamos en su casa en San Salvador.

- "¿Qué hizo Capres?", solté a pesar de que la respuesta a esas alturas parecía clara.

- "Nada. O muy poco".

De hecho, en 2006, la administración Saca hizo algo con el entonces director de la Policía, Comisionado Ricardo Menesses; lo trasladó como enviado policial a la Embajada de El Salvador en Washington, que entonces dirigía René León. El Gobierno de Saca creó el puesto ad-hoc para el Comisionado. A la postre, además de a Menesses, la Inspectoría policial investigó a otros cuatro altos jefes policiales de aquel entonces por supuestos vínculos con Chepe Luna, entre ellos al Comisionado Óscar Aguilar, a quien en 2008 el entonces director Francisco Rovira había rescatado del ostracismo para nombrarlo jefe de inteligencia. (Cambios en PNC tras renuncia de director Francisco Rovira).

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V.
Epílogo.
La mesa especial, pensada como semilla de una fuerza de tarea para combatir el contrabando y el narcotráfico con asesoría de los Estados Unidos, fracasó sin culminar su primera operación. La complicidad policial con el crimen era ya para 2005 tan grave que hacía imposible que una idea como esa funcionara. Desde entonces he escuchado a funcionarios, ex funcionarios, investigadores salvadoreños y estadounidenses, académicos, diplomáticos y periodistas repetir esa verdad. La última vez fue la semana pasada.

Para finales de 2005, la mesa había dejado de tener capacidad operativa, pero seguía haciendo una labor importante, inédita además en El Salvador: rastrear operaciones bancarias sospechosas para detectar posibles casos de lavado. Hubo una operación en particular que llamó la atención de los funcionarios: de una agencia de Usulután, un hombre había movido, en una sola transacción, 800,000 dólares; era algo poco común en El Salvador y mucho más en Usulután. La mesa pasó la información a Casa Presidencial, sobre todo pensando en que ese hombre era candidato a diputado suplente por el PCN. Su nombre: Roberto Carlos Silva Pereira. Pero esa es otra historia. Más en un próximo post...

domingo, 18 de marzo de 2012

ASÍ VIVEN LOS NARCOS EN EL SALVADOR (Fotos Inéditas)



Juan María Medrano, alias Juan Colorado, es uno de los narcotraficantes que abrió las rutas del Oriente del país a la cocaína colombiana a finales de los 90. Abajo dos fotografías tomadas del expediente que la Fiscalía salvadoreña abrió en su contra. Arriba: una casa de su propiedad ubicada en las cercanías de San Miguel. Abajo: Un vehículo tipo Hummer decomisado poco después de su captura.








Lo que sigue es un extracto del acta judicial levantada en el Juzgado Especializado de San Miguel durante el juicio contra Daniel Quezada, otro de los operadores de la banda Los Perrones. En ese expediente hay una referencia explícita sobre Juan Colorado. (Ref.: En la Sala de Audiencias del Juzgado Especializado de Instrucción de la ciudad de San Miguel del Departamento de San Miguel, a las quince horas con cincuenta minutos del día seis de Abril del año dos mil nueve. Siendo este el Lugar, día y la hora señalada para la celebración de la AUDIENCIA ESPECIAL DE IMPOSICIÓN DE LA MEDIDA CAUTELAR NUMERO CINCUENTA DEL PROCESO PENAL NUMERO CINCUENTA Y OCHO– CERO TRES - CERO NUEVE- UNO. Eda 58-03-09-1
Ref. 06-SASAGEAN7-06-114-UEDNA7-09).

"...así también se encontraron otra indicios, documentos a nombre de JUAN COLORADO, por lo cual se establece que si hay indicios suficientes, hay elementos que demuestran, todos convergen en que van a dar a los mismo, que se esta asociaciones delictivas, almacenan y transportan droga, de igual manera ha habido decomiso en Nicaragua..."

domingo, 11 de marzo de 2012

DE LAS NOTICIAS. Fraude electoral: la sombra del narco


Este enlace es de una notica publicada hoy en La Prensa Gráfica. En ella se relaciona a tres hombres capturados por la Policía, por delitos electorales relacionados con intimidación, con el ex alcalde arenero de Pasaquina Odir Ramírez. Al final del texto, una mujer de 46 años dice que no irá a votar por temor. LPG asegura que los panfletos con amenazas circulan desde el 8 de marzo pasado.


http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/politica/252949--detienen-a-tres-por-delito-electoral.html

Este otro enlace es de una entrevista que un equipo de La Prensa Gráfica -del que formé parte y con el cual investigamos durante más de un año a la banda de narcotraficantes Los Perrones- hizo al ex alcalde Ramírez, a quien en aquel entonces Policía y Fiscalía investigaron por posibles nexos con el narcotraficante José Natividad Luna Pereira y Los Perrones. Los indicios recabados por los investigadores apuntaban a que Ramírez facilitó a Luna Pereira una partida de nacimiento a pesar de que el narco ya tenía documentos hondureños y, por otro lado, a que Los Perrones vendieron a la alcaldía pasaquinense autos de lujo a precios por debajo de mercado, lo que despertó la sospecha de que la venta era en realidad una operación de lavado. La flota fue, según el mismo Ramírez, comprada en un autolote de San Salvador que él identifica como HyF Imports (posteriores investigaciones determinaron que el nombre correcto del autolote es HyS Imports).


Copia de asiento de DUI de José Natividad Luna Pereira, obtenida en la alcaldía de Pasaquina. Conocido como Chepe Luna, este hombre ha sido durante dos décadas uno de los contrabandistas/narcotraficantes más buscados por la DEA en Centroamérica.



http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/judicial/47751--luna-pereira-fue-candidato-a-alcalde-en-1997.html

Saquen ustedes las conclusiones. Hay quien, incluso desde la misma PNC, insiste en que la relación entre la clase política y el narcotráfico no es más que un invento. Así empezó México. Y Colombia.

sábado, 10 de marzo de 2012

ARCHIVERO. Trabajos periodísticos. Terrorismo, Luis Posada Carriles

Reportaje sobre Posada Carriles publicado en La Prensa Gráfica. Publicado el 12 de julio de 2010.






Empecé a seguir la pista al terrorista cubano-americano Luis Faustino Clemente Posada Carriles en 1997, luego de los atentados dinamiteros perpetrados por dos salvadoreños en instalaciones turísticas de La Habana. Ese año, junto a un equipo de reporteros de la sección judicial de La Prensa Gráfica, seguimos los fraudes de identidad que Posada hizo en El Salvador con ayuda de oficiales de los gobiernos de Armando Calderón Sol y Francisco Flores. En 2005 en Washington conocí al abogado José Pertierra, quien representa a Venezuela en el proceso de extradición solicitado por ese país a Estados Unidos por la voladura de un avión de Cubana en 1976. Gracias a José entré en contacto con la Sección de Intereses Cubanos en Washington y empecé a tramitar una visa de periodista para ir a la capital cubana a hablar con fuentes vivas y a consultar los documentos de inteligencia que guardaban algunos secretos sobre Posada y sobre su paso por Centroamérica. Fue hasta 2009 que los cubanos me dieron la visa. Estuve poco más de una semana en La Habana, donde pude entrevistar a agentes cubanos que se infiltraron en organizaciones anticastristas de Miami, a víctimas de los atentados dinamiteros y consulté los informes de inteligencia. El reporteo me llevó a confirmar la conclusión que ya se había dibujado en 1997: Posada, uno de los terroristas más sanguinarios del siglo XX en América Latina, actúo a sus anchas en Centroamérica gracias a la protección de gobiernos de derecha en Guatemala, El Salvador y Honduras. En El Salvador, la cobertura oficial se extendió hasta 2005; había empezado en 1984, cuando Posada llegó a Ilopango a participar, desde el aeropuerto controlado por la Fuerza Aérea Salvadoreña y el General Rafael Bustillo, en la operación Irán-Contras, que además de hacerse famosa por el escándalo internacional que provocó durante la administración de Ronald Reagan, fue la primera gran operación internacional de narcotráfico operada desde suelo y aire salvadoreños (pero eso es materia para otra entrada de este blog).

http://www.laprensagrafica.com/internacionales/latinoamerica/131431-celulas-nunca-se-desactivaron.html